Antonia Plumed Plumed

Esta era fácil eh… ¡Zapatos! Antonia es la mujer que le puso nombre a casa Zapatera…

En los pueblos suele ser poco frecuente que las casas lleven el nombre de una mujer. En Aragüés, sin embargo, tenemos algunos ejemplos: casa Miguela, casa Mariana y el callejón de la tía Martina, entre otros. Seguramente porque todas esas mujeres fueron excepcionales en algo.

Conociendo como era nuestra bisabuela Antonia, no nos sorprende que ella resaltara de tal modo que diera nombre a la casa. Nació en Monreal del Campo (provincia de Teruel) el 26 de enero de 1868. En 1892 se casó, con su novio, Pedro Perales Abejer, llamado afectivamente Perico, que era zapatero. A través del «Censo de Oficios» supieron que había un puesto vacante en Aragüés, donde llegaron en torno a 1893.

El primer hecho destacable de la rasmia de Antonia es que, cuando, años antes de su matrimonio, Perico fue a «hacer el ejército» a Cuba, que entonces aún era española, ella aprendió a leer y a escribir por su cuenta para poder cartearse con él. Las cartas tardaban tanto en llegar, que solo se pudieron escribir una cada seis meses, cuando llegaba la respuesta a la anterior.

El segundo fue su matrimonio: Perico volvió de Cuba enfermo de tuberculosis y los dos sabían que le quedaba poco tiempo de vida. Aun así, decidieron casarse. Sin embargo, el cura de Monreal, conocedor de la enfermedad de Perico, se negó. Antonia, con total determinación, le dijo al cura que, si no los casaba, “se arrejuntarían” y eso lo disuadió: los casó el 3 de septiembre de 1892. Él tenía 27 años y ella 24.

Aun sabiendo que Perico tenía los días contados, ambos decidieron vivir el tiempo que les quedara entregados a la felicidad. En el pueblo se sabía que, en casa de la Zapatera, siempre había grandes y alegres encuentros. Perico tocaba la bandurria y, junto con Antonia, cantaban y bailaban jotas y parece que lo hacían muy bien. Ese incierto tiempo juntos fueron, al final, 9 años: desde su boda hasta la muerte de Perico, el 5 de abril de 1901, día de viernes santo, cuando él tenía 36 años y ella 33. Y todo ese tiempo lo pasaron en Aragüés, donde está enterrado Perico.

Antonia, además de alegre, generosa y hospitalaria, era una gran cocinera. Por lo visto destacaba especialmente como repostera, razón por la que era reclamada en aquellas casas en las que se celebraban bautizos, comuniones o bodas. Sus nietos recordaban lo felices que eran porque en casa de la Zapatera no les faltaban los dulces como si siempre estuvieran de fiesta.

Poco tiempo después de quedarse viuda, se casó con Ciriaco López Sanz, nacido en Codorniz (Segovia) en 1870, que era carabinero en Aragüés y amigo de Perico y de Antonia. El 17 de agosto de 1903 tuvieron gemelos, Emilio y Emilia. Nacieron muy pequeñitos y se vieron obligados a buscar un ama de cría para el niño. Encontraron una en Esposa y allí lo llevaron. Falleció unos meses después, el 4 de enero de 1904, a causa de “enteritis”. Cuando murió, los montes estaban cubiertos de nieve y no pudieron ir a recogerlo por lo que fue enterrado allí. Imaginamos que el dolor que les supuso esa pérdida fue tal que, cuando el 27 de junio de 1906 tuvieron a su tercer hijo, que fue varón, le pusieron el nombre de Emilio, en recuerdo del primero.

En la guerra Antonia perdió a su marido, Ciriaco. Y su hijo Emilio, que era policía y estaba destinado en Marruecos, en el protectorado español, desapareció y tardaron bastantes años en saber que había muerto en octubre del 36, aunque Antonia, su madre, nunca llegó a saberlo.

La única hija que le quedaba a Antonia, Emilia, se había casado con Primitivo López Heredero, carabinero de Guetaria y destinado a Aragüés. Tuvieron cuatro hijos nacidos en Casa de la Zapatera: Ángela (fallecida al poco de nacer), Laura, Alicia y Alfredo.

En 1940 Primitivo López fue destinado a Barcelona y se trasladó allí con toda la familia. Dicen que Antonia a menudo salía a pasear sola por Barcelona para ver si encontraba a su hijo desaparecido. Nunca perdió la esperanza.

Y a pesar de ser dos veces viuda y de haber sufrido la muerte de dos de sus tres hijos, siempre mantuvo la alegría y la fuerza de su carácter, esa fuerza que, sin lugar a dudas, da ser aragonesa.

Murió en Barcelona, el 23 de agosto de 1953, poco antes de ser bisabuela.

Nunca volvió a Aragüés.

Los actuales “zapateros”: Lourdes, Gloria, Pili, Carlota, Guillem, Arnau, Xavi y Nuria, estamos muy orgullosos de ella y la recordamos con inmenso cariño y admiración.

Tienes que buscar el símbolo de la igualdad.